Costa Coffee entra con ambición al mercado mexicano

Desde finales de 2025, Costa Coffee comenzó a dar pasos concretos en México con la inauguración de sus primeras tiendas, marcando no solo un nuevo capítulo para la cadena británica, sino también una interferencia visible en uno de los sectores más competitivos del retail: el café fuera del hogar.

La llegada a México no es casualidad ni un experimento tibio. Con el respaldo de The Coca-Cola Company –propietaria de la marca desde 2018–, Costa Coffee ha planteado una declaración de intenciones: no solo participar, sino competir por un lugar entre las principales cadenas de café en el país para 2034.

Las primeras cafeterías, abiertas en la Ciudad de México y en el Estado de México, fueron diseñadas como espacios donde la calidad del café se combina con una experiencia de consumo que busca captar a un público diverso. No es solo un punto más para tomar un espresso rápido sino que es un lugar pensado para integrarse a rutinas sociales, de trabajo y ocio con un enfoque moderno.

Lo que distingue esta entrada es la lectura estratégica del contexto mexicano. A diferencia de mercados donde el consumo per cápita es alto y homogéneo, en México –pese a que el café está presente en casi 97 % de los hogares– la frecuencia de consumo se ubica en niveles relativamente bajos comparados con países como Brasil o Colombia. Eso crea una ventana de crecimiento interesante para operadores que puedan influir en ocasiones de consumo y hábitos cotidianos.

Pero el desafío es considerable. En el país operan gigantes como Starbucks, con casi mil tiendas, y otras cadenas consolidadas como Tim Hortons o Café Punta del Cielo, que ya han posicionado sus formatos y experiencias. Costa Coffee, en ese escenario, está obligada a diferenciarse no solo por producto sino por propuesta de valor y conexión con el consumidor local.

La estrategia, según sus ejecutivos, reconoce esa realidad. Los primeros años –2026 y 2027– serán de aprendizaje intenso, para entender las preferencias de los mexicanos y ajustar tanto el portafolio como el servicio. Ese proceso de adaptación contempla no solo productos clásicos del espresso o café filtrado, sino también líneas que puedan convivir con la tradición cafetera local y las expectativas de consumidores con perfiles variados.

Además, la marca ha expresado interés en acercarse a la cultura cafetalera mexicana. En varias de sus comunicaciones se destaca que los granos que se sirven en las tiendas provienen de regiones como Chiapas y Veracruz, buscando un puente entre la identidad del producto y la propuesta global de la cadena.

El movimiento de Costa Coffee ocurre en un contexto donde el café fuera del hogar ha ido ganando espacio en los centros comerciales y avenidas de alto tránsito. La categoría ha ampliado su ocupación dentro de los desarrollos comerciales, y las cadenas han sido un factor clave en la renovación de mix para atraer tráfico peatonal.

Para Coca-Cola, la operación con Costa Coffee combina dos objetivos claros: diversificar su portafolio más allá de las bebidas tradicionales y capitalizar el crecimiento de una categoría –el café premium– que mantiene un ritmo de expansión constante a nivel global y regional.

La entrada en México no puede leerse solo como más tiendas en una ciudad. Es una decisión estratégica con doble filo: implica disputar posicionamiento con marcas bien establecidas y, al mismo tiempo, aprovechar un mercado con potencial de crecimiento en frecuencia de consumo, ocasiones fuera del hogar y una cultura cafetera heterogénea.

Si Costa Coffee logra convertir su presencia inicial en una plataforma para generar conexiones profundas con los consumidores mexicanos, podría reconfigurar ciertos segmentos del retail de café. En la carrera por ganar terreno, la apuesta no es solo abrir puntos de venta, sino crear hábito.

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