Jamie Oliver Restaurant Group (JORG) ha puesto la mira en América Latina como parte central de su estrategia de crecimiento para 2026. Tras consolidar su presencia internacional, la compañía busca ahora socios franquiciatarios en mercados clave de Centro y Sudamérica, con el objetivo de replicar en la región el éxito alcanzado en otros territorios. Lizan Retail Advisors les asesora en su expansión en Latinoamérica.
La decisión no es casual. Brasil ha sido, durante la última década, un laboratorio exitoso para la marca. Desde 2015, sus dos restaurantes ubicados en São Paulo y Brasilia han atendido a más de dos millones de clientes, confirmando el potencial de la propuesta gastronómica del grupo en mercados latinoamericanos. Este desempeño ha reforzado la confianza de la compañía para avanzar en una expansión más ambiciosa en la región.
El modelo de negocio del grupo se basa en una combinación de franquicias y adaptabilidad local. Actualmente, cuenta con más de 70 restaurantes en 23 países y opera con un portafolio de ocho conceptos que abarcan desde formatos de servicio rápido hasta propuestas casual premium. Esta diversidad le permite ajustarse a distintos perfiles de consumidor y ubicaciones, incluyendo centros comerciales, aeropuertos, hoteles y espacios corporativos.




Uno de los ejes clave de esta nueva fase será precisamente la búsqueda de socios estratégicos con capacidad de desarrollo local. La compañía no plantea una expansión homogénea, sino una adaptación a cada mercado, tanto en la oferta gastronómica como en la selección de proveedores. El objetivo es mantener la esencia de la marca –basada en comida de calidad, ingredientes bien seleccionados y un enfoque familiar– mientras se incorporan elementos propios de cada cultura culinaria.
En este sentido, América Latina representa un terreno especialmente atractivo. La región cuenta con una fuerte identidad gastronómica, una creciente clase media y una demanda en evolución hacia propuestas más saludables y sostenibles, valores que forman parte del ADN del grupo. Además, el auge de formatos casual dining y fast casual en ciudades principales abre oportunidades claras para conceptos internacionales con posicionamiento diferencial.




Otro elemento relevante dentro de la estrategia es la diversificación de canales. El grupo ha anunciado que, además de las ubicaciones tradicionales, buscará crecer en el segmento hotelero. Esta apuesta responde a una tendencia global en la que las marcas gastronómicas se integran como parte de la experiencia del huésped, generando nuevas fuentes de ingresos y visibilidad.
A nivel operativo, el reto principal será encontrar socios que no solo cuenten con capacidad financiera, sino también con conocimiento del mercado local y experiencia en hospitalidad. La ejecución será clave en una región donde las dinámicas de consumo, la regulación y las cadenas de suministro pueden variar significativamente entre países.




La expansión en América Latina también se enmarca en un contexto de competencia creciente. Diversas marcas internacionales están reforzando su presencia en la región, atraídas por el potencial de crecimiento y la madurez progresiva del sector retail y de restauración. En este escenario, el posicionamiento de Jamie Oliver –vinculado a la calidad, la nutrición y la experiencia familiar– podría convertirse en un diferenciador relevante, especialmente en mercados urbanos.
Con más de una docena de nuevas aperturas previstas a nivel global en 2026, el grupo encara una etapa de crecimiento que busca equilibrar escala y adaptación local. América Latina, con Brasil como precedente, se perfila como uno de los territorios clave para validar esta estrategia.
El siguiente paso será concretar alianzas y definir los primeros mercados de entrada. Países como México, Colombia o Chile podrían estar en el radar, aunque la compañía no ha confirmado destinos específicos. Lo que sí es claro es que la región se ha convertido en una prioridad dentro del mapa global de expansión del grupo.





