En menos de tres años, la cadena de frozen yogurt Myka Greek pasó de una única tienda en el barrio de Salamanca, en Madrid, a estar presente en más de 19 países. La marca, fundada por la mexicana Natalia Morales y Javier Ezquerro, prepara ahora sus aperturas en Nueva York y París, dos de los mercados más exigentes y competitivos del mundo. Latinoamérica, con México como punta de lanza, forma parte central de esa expansión global.
Morales explica que el crecimiento ha sido «muy orgánico, pero también muy intenso». La marca nació con una idea clara: un concepto de frozen yogurt griego con identidad potente, producto de calidad y una experiencia reconocible desde el primer momento.
«Desde la primera tienda en Madrid vimos que la propuesta conectaba muy bien con el consumidor, no solo por el producto, sino por todo lo que rodea a la marca: la estética, el servicio, la forma de comunicar y la sensación de estar entrando en un universo propio», señala Morales.
Lo que comenzó con una buena acogida local se convirtió rápidamente en una validación internacional. En menos de tres años, Myka acumula más de 19 países y presencia en mercados tan distintos como España, México, Portugal, Estados Unidos y Oriente Medio.


El diferencial no es solo el producto
Para Morales, el principal valor de la marca está en la combinación entre producto, identidad y experiencia. «Myka no es solo un frozen yogurt; es una propuesta completa», afirma. La base de yogurt griego, cremosa y con textura característica, se acompaña de toppings e ingredientes cuidadosamente seleccionados. Pero más allá del producto, la fundadora subraya que cada tienda, cada interacción y cada detalle visual deben transmitir la misma sensación: calidad, frescura, diseño y cercanía.
Esa coherencia de marca es, precisamente, lo que ha permitido a Myka crecer en mercados muy diferentes sin perder su esencia. «La flexibilidad es fundamental, pero también lo es la coherencia. El cliente debe reconocer Myka esté en Madrid, México, Nueva York o París», explica.


Equilibrio entre lo global y lo local
La expansión internacional ha dejado aprendizajes concretos. El principal: cada mercado tiene sus propios hábitos de consumo, ritmos y preferencias, pero una marca sólida puede conectar en todos ellos si mantiene una esencia clara. Myka adapta aspectos operativos, de oferta o comunicación según el país, pero siempre desde el respeto al ADN de la marca.
«Estudiamos los gustos del consumidor, las ubicaciones, los momentos de consumo y las expectativas de cada mercado para ajustar la experiencia sin desvirtuar el concepto», detalla Morales. Ese proceso de escucha activa ha sido clave para consolidarse en mercados tan distintos entre sí como México y Oriente Medio.
Nueva York, París y la mirada puesta en Asia
Los próximos pasos apuntan a dos ciudades que representan hitos simbólicos para cualquier marca global: Nueva York y París. A medio plazo, el objetivo es también abrir en Hong Kong y Londres, mercados que Morales describe como «un paso muy importante para la marca».
La estrategia de expansión combina distintos formatos. Las tiendas flagship son el corazón de la propuesta, el espacio donde se transmite el universo completo de Myka. Los kioscos y formatos compactos, en cambio, ofrecen flexibilidad para estar presentes en zonas de alto tráfico, centros comerciales y ubicaciones estratégicas.
«Más allá del número de aperturas, nuestra prioridad es construir una expansión sólida, cuidando la calidad del producto, la experiencia del cliente y la coherencia de Myka en todos los países», concluye la fundadora.




