
España posee la que probablemente sea la cadena de suministro de moda impulsada por IA más avanzada del mundo. En opinión de Alexa Correa, Industry Principal para la industria retail en Vistex, ese es precisamente el problema.
Desde cualquier punto de vista estructural, España debería liderar la IA aplicada al retail en Europa. Inditex ha convertido el abastecimiento de proximidad en una forma de arte computacional. Su sistema de previsión de la demanda procesa 400 millones de artículos al año, ajustando la producción y la distribución en ciclos de dos semanas. Inditex invierte 1.800 millones de euros anuales en tecnología, ha completado recientemente una expansión logística de 900 millones de euros y ha presupuestado 2.300 millones para 2026. Ningún país tiene mejores argumentos para dominar la IA en retail que España.
Y, sin embargo, cuando miro más allá del ecosistema de Zara, hacia el sector de alimentación, electrónica, moda especializada y cadenas independientes en España, la realidad es muy distinta. Está por debajo de la media.
El índice DESI sitúa a España en el undécimo puesto de la UE en integración digital empresarial. Las grandes empresas españolas adoptan la IA en torno al 49 %, en línea con Francia y Alemania. Pero las pymes españolas, que representan el 85 % del tejido empresarial, apenas alcanzan el 8,7 %. El Observatorio Nacional de IA califica esta diferencia como un abismo. Solo el 27 % de las empresas españolas utiliza servicios en la nube, frente al 40 % de la media de la UE, y apenas el 9 % trabaja con analítica de big data. Estas son las capas básicas necesarias para la IA operativa, y la mayor parte del retail español carece de ellas.
Entonces, España tiene el talento, la infraestructura y un referente que demuestra el caso de uso. ¿Por qué el resto del sector está tan rezagado? En mi opinión, Inditex no funciona como modelo para el mid-market. Funciona como advertencia.
El segmento medio del retail español mira a Inditex y ve un agujero negro de capital. Un competidor nacional que atrae el talento, invierte más en RFID y optimiza mejor la rotación de inventario. El efecto es completamente racional: ¿por qué invertir en previsión de la demanda, que puede consumir la mitad de tu presupuesto de IT, cuando el referente opera a una escala que nunca podrás alcanzar?

Aquí es donde España se diferencia del norte de Europa. Allí, los retailers de tamaño medio se enfrentaron a un entorno distinto. Ningún gigante nacional proyectaba una sombra sobre todo el sector. Esos mercados desarrollaron una carrera digital distribuida, en la que las cadenas se modernizaban colectivamente o desaparecían juntas. El resultado es un mid-market del norte de Europa más homogéneamente digitalizado que el español, aunque ningún actor iguale la sofisticación de Inditex.
Los datos lo confirman. Alemania, Francia y el Reino Unido muestran de forma consistente mayores tasas de adopción de IA en encuestas empresariales. Las cifras agregadas de España parecen aceptables solo porque unos pocos gigantes elevan la media. De los 789 millones de euros que las grandes empresas invierten en IA, solo Inditex, Telefónica, BBVA, Santander y CaixaBank concentran más del 40 %. El resto del sector se queda con las migajas. España invierte apenas el 0,14 % del PIB en IA, frente al 0,21 % de Francia y el 0,19 % de Alemania. El país que creó el algoritmo de moda más admirado del mundo no está financiando una cultura algorítmica más amplia en retail.
Lo veo como un problema de estructura de mercado, no como una falta de ambición. Inditex no debería ser responsable del ecosistema retail español, pero su existencia ha creado un país a dos velocidades. Por un lado, un campeón global que hace que Barcelona y A Coruña parezcan Silicon Valley con máquinas de coser. Por otro, un segmento medio que ha asumido que la brecha digital es insalvable y ha optado por esperar, alquilar plataformas o ignorar el cambio.
La ironía es evidente. España exportó el futuro del retail al mundo y se quedó con el pasado para sí misma. El norte de Europa construyó su capacidad digital en el mid-market por necesidad. España tenía el modelo al lado y decidió admirarlo en lugar de replicarlo. La lección es incómoda: la proximidad a la excelencia no es lo mismo que participar en ella. A veces, la luz más brillante de la sala es la razón por la que los demás no pueden ver.












